miércoles, 18 de febrero de 2015

El líder cortoplacista ¿Venerarlo o despedirlo?



¿Le ha ocurrido que en una situación de crisis empresarial, la alta dirección empieza a contratar nuevos líderes a diestra y siniestra? Hay algunos que llegan como con un perfil bajo, haciéndose amigo de todos, lo cual les hace inteligentemente ir conociendo y entendiendo el modus operandi de su nuevo lugar de trabajo, sin fricciones y sin generar barreras de comunicación y colaboración.

 

Hay otros casos en donde ocurre todo lo contrario, el líder aún no conoce el nombre de sus colaboradores, cuando lo primero que hace es llegar con la espada desenvainada cual arcángel celestial, solicitando estados financieros, descripciones de puesto, convocando a interminables reuniones en donde les hace saber a todos los subordinados que están por enfrentar cambios, que les va a doler pero es parte del proceso.

 

En cada reunión se escucharan frases que todo gran líder siempre pronuncia como por ejemplo, “los invito a subirse al tren del cambio” “hoy iniciamos una nueva historia y yo quiero que ustedes formen parte de ella” “todos juntos con su entrega y trabajo, haremos de esta empresa el mejor lugar para trabajar”, en fin; ¿quién no ha escuchado o dicho esto con anterioridad?

 

No ha pasado ni un mes desde aquel glorioso día en que entro en funciones, cuando convoca a otra reunión donde inicia con un discurso donde menciona que hace un mes les advirtió que habría cambios, que les invitó a ser parte del mismo, que les ofreció su apoyo y amistad, pero que lamentablemente hubo algunos colaboradores que han decidido emprender un camino nuevo; por lo tanto, se ve en la dolorosa necesidad de dejar ir a varios de ellos. Es obvio que entre líneas esto debe leerse e interpretarse como: los estoy despidiendo porque mostraron resistencia a mis ideas, pero por respeto a su dignidad, diremos que son ustedes “los empleados” quienes han decidido separarse de la organización.

 

Las interrogantes ante tal evento son, ¿cuántos elementos que son un verdadero capital intelectual para la organización, se pierden en el camino, debido a que preferimos conservar líderes cortoplacistas, en vez de empleados comprometidos? ¿En realidad se resisten al cambio estos elementos, o son un ejemplo de divergencia?

 

La resistencia nos habla de no querer aceptar nuevas ideas, no querer salir de la zona de confort, no querer realizar alguna actividad nueva o de una nueva manera, por miedo a que se descubra la falta de capacidad o talento, o simplemente, porque nadie les ha mostrado los beneficios de abrazar el cambio como una oportunidad de crecimiento personal y laboral.  En pocas palabras, este elemento no propone, solo se opone.

 

La divergencia por el contrario, no se opone, se impone al  defender puntos de vista que se basan en la experiencia misma que da un conocimiento profundo de la dinámica de las tareas que se ejecutan a diario en la empresa. El divergente defenderá los procesos, metodologías o negociaciones que sabe son lógicas y que fluyen de forma orgánica para llegar al logro de los objetivos. Defenderá el hecho de que si anteriormente sus ideas no fueron implementadas, no fue por una falta de visión, fue por falta de apoyo. Es posible que ante esta situación, el líder nuevo haga lo mismo que el anterior, subestimar el talento del colaborador, un colaborador que es todo, menos un líder cortoplacista.

 

Hasta aquí, tal vez ya ha podido captar el mensaje sobre a que me refiero con ser un líder cortoplacista, pero vale la pena puntualizarlo a detalle. El cortoplacismo, si bien es un hábito que parecería ser bueno, ya que es una característica de aquellos que gustan de actuar a corto plazo; puede ser el camino menos efectivo al momento de liderar grupos que no se conocen ni someramente.

 

Es muy fácil pensar que el líder en cuestión es intrépido y quiere dar resultados a corto plazo, de ahí esa naturaleza audaz de hacer cambios en menos de 30 días. Una personalidad cortoplacista, podría engañar hasta al más experto, porque en momentos donde se requiere dar resultados rápidos, los líderes que optan por tomar un tiempo, no mucho, pero si se lo toman; para conocer la dinámica del negocio y la gente que lo conforma, pueden llegar a ser etiquetados de flojos, perezosos o procrastinadores; mientras que aquellos que llegan haciendo una revolución majestuosa, son considerados el empleado del año.

 

La realidad es, para evitar confundir a los colaboradores entre un perezoso y un cortoplacista; entre uno que se resiste y otro que defiende buenas ideas de negocio; entre un líder que vende sueños y otro que muestra resultados; no hay mejor camino que establecer desde el día uno de la contratación y si se puede, desde la etapa de entrevista; cuales son los resultados que se esperan, en qué tiempo se necesitan y bajo que circunstancias. Se puede incluso, diseñar entre la dirección y el líder, el plan de trabajo que en común acuerdo se llevará a cabo para alcanzar las metas esperadas.

 

Acciones como revisiones periódicas para divisar desviaciones, aplicación de medidas preventivas y no correctivas, así como; justificación objetiva del reemplazo de la plantilla; permiten que tanto el nuevo elemento como la dirección, se sientan cómodos con las acciones que se toman y el rumbo que lleva la empresa.

 

Debemos tener claro que una cosa es dar libertad de actuación a los líderes, mientras que otra muy diferente, es permitir que agarren a la empresa y a sus empleados como sala de experimentos en momentos de crisis.

 

¿Qué opina? ¿Se queda con el líder cortoplacista o le va buscando un remplazo digno?

domingo, 15 de febrero de 2015

¿Por qué hay tanta gente enojada con la vida?


 


Mi investigación no está basada en estudios científicos ni he tomado hordas para realizar un muestreo, simplemente no creo que haga falta para ver lo evidente. Lo único que he realizado es, llevar la capacidad de observación a un punto de interés verdadero. La gente sale de sus moradas a diario y en su andar, mira y vuelve a mirar todo y a todos, pero no observa.

La observación involucra el hábito de analizar sin juzgar, imaginar sin etiquetar, empatizar al cruzar una mirada furtiva pero reveladora. ¿Qué esconde esa risa fingida? ¿Dónde quisiera estar ahora esa persona? ¿Qué está soñando despierto? Esas son las preguntas que me hago a diario cada que me cruzo en tu camino.

Cuando los caminos se cruzan y el infortunio de una experiencia que a nuestro parecer es eso, una desgracia o incómoda situación; pienso, siento, externo mi emoción y tengo una respuesta física ante la circunstancia; después, termino analizando la situación y trato de encontrarle razones a la experiencia vivida. No es una cuestión del poder de la atracción, no hay secreto en lo visible y latente; no es que me haya levantado con el pie izquierdo; la respuesta es más sencilla, “la gente está enojada con la vida, específicamente, con su vida” y yo solo fui el vehículo donde ha vertido su desconsuelo y frustración. Lo acepto, pero no para soportar malos tratos; lo acepto para aprender y crecer, para verme reflejada en el charco de la desilusión, un charco que no quiero se convierta en mi espejo e historia.

¿Tengo la culpa de tu falta de valor al no buscar lo que en realidad quieres? ¿Tengo la culpa de que tú no seas capaz de enfrentar tus miedos? ¿Soy el responsable de tu falta de creatividad para buscar formas de conseguir una vida con significado? ¿Acaso yo te dije que te echaras compromisos de vida, para que después sean las excusas por las cuales no buscas otra mejor? NO, mil veces la respuesta es NO. Yo no tengo la culpa de tu desazón, depresión y tristeza. Así que no te desquites conmigo, no me des un mal servicio, no seas grosero al atenderme, no seas flojo al realizar tus labores.

Búscate una vida y vívela, que yo estoy muy contenta buscando la vida que quiero vivir. No te amargues ni quieras jalarme a tu mundo de amargura, porque yo libro mis batallas sin declararte la guerra. Te quieres enojar con alguien, ¿qué tal contigo mismo? Por lo menos así tendrás ocupada tu mente y no tendrás tiempo ni ganas de buscar a otro ser vivo para pelearte o transferirle tus culpas.


Atte. Tu conciencia laboral

jueves, 4 de diciembre de 2014

¿FALTA DE PASIÓN POR LO QUE HACEMOS, O SÍNDROME DEL QUEMADO (Burn-Out)?




Si fuera el caso, y precisamente en estos momentos usted está en la encrucijada de tomar una decisión sobre seguir adelante o claudicar a sus actividades laborales actuales, ¿Cuál diría que es la raíz de tal situación que le está incitando a “tirar la toalla”?, ¿Aburrimiento por ejecutar las mismas tareas con cero innovación,  o un simple y llano cansancio de no ser reconocido?
Es interesante y a la vez alarmante darnos cuenta como un gran porcentaje de colaboradores en las organizaciones, no están ejecutando su trabajo con pasión, con entrega, con responsabilidad,  con dedicación y lealtad, y sobre todo con una alineación clara entre los objetivos personales y organizacionales; una razón puede ser que se está transitando en la famosa zona de confort, la cual no es dañina para el colaborador pero si para la organización, porque los colaboradores trabajan en piloto automático, no tienen mucho interés por innovar, crear, o visionar otra manera de hacer las cosas; no se ponen retos en el día a día y de hecho no desean que alguien más se los ponga, aquí ya no hay pasión por lo que se hace y de hecho, están conscientes que el objetivo es mantener el trabajo con base a resultados medios o incluso en el peor de los casos, con base a resultados mediocres.
Ahora bien, podremos encontrar otro grupo de colaboradores que tampoco hacen su trabajo con pasión debido a que por temas de reingeniería, política laboral, mala relación con los jefes, entre otros factores; su preocupación primordial es mantener el puesto de trabajo, no dar menos de los que se pide, ni ponerse creativo; simplemente el objetivo es cumplir. Al estar en un entorno de miedo, la pasión no es precisamente el sentimiento que primero aflora en el ambiente.
Finalmente llegamos al grupo de los colaboradores cuya filosofía de trabajo y vida es “Hacer las cosas lo mejor que se pueda, y si se puede más mejor”,  a diferencia de los otros dos grupos de colaboradores que están en su burbuja de conformismo o de miedo, y que pueden incluso hasta  odiar su trabajo , este último grupo en la mayoría de los casos en verdad ama lo que hace, pero han llegado a un punto en donde los síntomas de cansancio tanto físico como mental así como, una posible disminución de la autoestima y falta de fe en como se mueve el mundo laboral, los han llevado al punto de preguntarse: ¿Vale la pena lo que estoy haciendo y sentirme de esta manera?.  En este grupo encontramos a los colaboradores que presentan el síndrome del quemado o burn-out, y las causas que detonaron llegar a este punto pueden ser variadas, desde la generación de problemas familiares por darle prioridad al trabajo, falta de tiempo para uno mismo por darle toda la atención a las responsabilidades laborales, hasta una que es de las más importantes y tal vez la menos tomada en cuenta: Falta de reconocimiento por los logros generados.
Cuando un colaborador se percata de que ha dado todo por la misma pasión que tiene hacia el trabajo, y que los beneficios materiales o motivacionales por parte de la organización hablando particularmente de los jefes directos, no están en concordancia con los resultados que se están entregando, es muy probable que se empiece a sentir un vacío interno, en donde no hay más que dar, no hay más que demostrar; y esto a su vez puede ocasionar sentimientos de confusión, de desesperanza y apatía.
 La pregunta ahora es ¿Cómo se puede volver a encontrar un equilibrio emocional?, definitivamente hay técnicas para recuperar nuestro centro y reencontrar el sentido perdido de la actividad laboral volviéndonos más creativos e innovadores, una de estas sería a través de abrazar y ejecutar los principios  del Coaching Ontológico, el cual nos dice que al volvernos “observadores diferentes”, desarrollamos una mirada sistémica que nos ayuda a interpretar la realidad de forma diferente, permitiendo encontrar soluciones en donde antes solo veíamos problemas y desesperanza,  aunque también no hay que perder de vista que siempre existirá otro camino que lejos de ser una derrota puede ser la puerta a nuevos horizontes retadores y más gratificantes: Cambiar de trabajo.

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CUANDO NO SE SABE QUE HACER, LO MEJOR SERÍA HACER NADA




¿Alguna vez ha sentido que todo por lo que ha trabajado en su carrera laboral, pareciera haber servido para eso y para lo mismo? Es decir, para nada. No es un tema nuevo el que cada día más personas al despertar, se cuestionen hacia dónde va su vida laboral, la cual podría ser una pregunta no menos importante pero si más sencilla de responder, que aquella que cuestiona ¿A dónde voy con esta vida?
Algunas  personas, podrán pasar días, meses, e incluso años tratando de encontrar la respuesta sobre si lo que hacen para ganarse la vida es apasionante, o por lo menos gratificante, hablando en un sentido de realización interior y no económico; y al plantearse dicha pregunta, es posible que experimenten un sentimiento de vacío, el cual les indica que efectivamente sus sospechas son reales: no están realizados en el aspecto laboral, sin embargo; no harán olas, seguirán tratando de nadar siempre cerca de la orilla de la alberca, de esta manera, creen que no hay riesgo de ahogarse si se aventuran más al centro en donde está la fosa de clavados, y donde podrían estar nadando cómodamente sin tanto tumulto; al mismo tiempo, tampoco arriesgan salir de tan contaminado lugar, pensando que afuera, las demás albercas estarán igual de polutas y llenas de personas desapacibles.

Parece más sencillo y con menos riesgo, pasarnos la vida “creyendo” lo que podría suceder si se hace tal o cual cosa, en vez de concebirlo y vivir la experiencia. Es posible que vivir en las suposiciones y no en la acción, es la manera de justificar el miedo que provoca visionar, soñar, o imaginar nuevos horizontes, asimismo, es posible que ni siquiera podemos suponer, porque no alcanzamos a imaginar que pasaría si ejecutamos alguna idea.
Cuando no se sabe que hacer, lo mejor es hacer nada,  lo bueno de hacer nada, es que hay tiempo para observar. Pareciera paradójico que el hacer nada, permite pensar en todo, permite tomar consciencia de la realidad de las cosas, permite ver a las responsabilidades, a los colegas y a los jefes desde otra arista. Es casi mágico como el hacer nada, permite observar todo.
Que le parece si empieza a observar que es lo que valora su empresa de los empleados, que premia y a quienes, que apoya y a quienes,  empiece a comparar los supuestos valores de la organización con los reales; y estos últimos con sus valores, haciéndose una simple pero muy reveladora pregunta: ¿Los valores reales de la empresa, podría alinearlos con los míos?

Si lleva tiempo preguntándose si el camino elegido laboralmente hablando hasta el día de hoy es el correcto para usted, empiece por no preocuparse que hacer al respecto, que le parece si mejor empieza por observar, de esta forma y con  una mente clara y objetiva, podrá diferenciar si el malestar se debe a que el planeta regente de su signo zodiacal está transitando por un momento de turbulencia, o si es algo de mayor impacto, como lo sería darse cuenta de que es tiempo de andar otro camino que le llene de gratificación personal. 
De repente en la vida, encontramos personajes que sin ellos saberlo, son nuestros ejemplos a seguir; vimos como un día tuvieron el “llamado” de salir de la manada, y transitar por un camino desconocido. Seguramente tenían miedo, y es casi un hecho que la incertidumbre era su desayuno diario, luego entonces, ¿Por qué aun así quisieron aventurarse a lo nuevo desconocido? Tal vez porque en algún momento, hubo un elemento de irritación tal, que detonó el desenlace que muchos de nosotros no queremos vivir: el cambio.

¿Tu trabajo te está enfermando?




¿Cómo saber si su actividad laboral es la causante de algún malestar físico? Expertos en el tema de Inteligencia Emocional (IE) mencionan que son 3 las emociones básicas que presentan los seres humanos, siendo una de ellas la que mayormente predomina en el individuo y que conforma parte de su personalidad. Dichas emociones son la tristeza, el miedo y la ira; mismas que comúnmente están asociadas a una serie de padecimientos que se presentan en el cuerpo físico una vez que estas no son manejadas adecuadamente por el individuo en cuestión.
 
Es importante que tenga en consideración estimado lector, que en ningún momento debe pasar por su mente la idea de que la emoción que predomine en su persona es mala, simplemente es parte de las características que lo conforman como individuo, y que siempre existe la posibilidad de manejarlas de forma que no le generen un daño.

Las emociones son un tema de auto-conocimiento, aceptación y manejo óptimo de las mismas; y al trabajar de manera amable sus “áreas de oportunidad” a nivel inter e intra-personal, puede mejorar de forma considerable los malestares que hasta hoy viene experimentando debido a esas emociones mal manejadas.

Identifique si usted es del tipo de persona a quien en la mayoría de los casos la cólera/ira es la emoción que le domina. Supongamos que todos los días al escuchar las noticias, aquellas que hablan acerca de alguna cuestión de índole social como tal vez lo sería el abuso a menores, maltrato a la gente de edad avanzada, robo a casa-habitación entre otros temas;  le ocasionan una profunda indignación contra las personas causantes de semejantes atrocidades, no es una sensación de miedo la que le invade al pensar que la siguiente víctima podría ser usted, tampoco siente tristeza al pensar que este País va de mal en peor, simplemente es cólera/ira lo que transita por sus venas.

Comúnmente las situaciones que provocan cólera, son aquellas de tipo social es decir, las que involucran el relacionarse con otros individuos ya sean conocidos o desconocidos. Estos individuos al no recorrer un camino de valores, creencias y/o modales similares a los que usted recorre, tienen comportamientos que a usted pueden resultarle decepcionantes. La manera tan diferente en como cada individuo percibe e interpreta  la realidad con respecto a otros, y sobre todo la forma en como actúa o reacciona con base a esta interpretación propia, puede detonar una emoción de cólera en el prójimo.

Hablando del cuerpo físico, la cólera mal manejada es la causante de padecimientos que van desde problemas de presión sanguínea, dolores de cabeza, vista nublada, dolor de pecho/brazo, falta de aire, perdida de energía; hasta cuestiones más graves y extremas como lo podría ser un infarto.

Ahora bien, si usted hasta este momento piensa que es el miedo la emoción que lo domina, deberá saber que a diferencia de la cólera, esta no es una emoción ocasionada por la interacción social sino todo lo contrario, es un tema de índole personal llamado soledad. La soledad se va desarrollando al tener preocupaciones derivadas de rechazos sociales, fracasos profesionales, cambios importantes de entorno, experiencias para-normales, temor a envejecer, etc. Esta emoción mal encaminada, provocará en el individuo nerviosismo, angustia, inseguridad y pánico; lo cual no le permite relacionarse en nuevas odiseas laborales o personales. Una persona que se angustia todo el tiempo o que tiene ataques de pánico, presenta palpitaciones aceleradas, dolores de pecho, dolor abdominal, o repentinos ataques de terror sin motivo aparente que los paraliza.

Por último y no menos importante, si usted identifica que es la tristeza la emoción que le aqueja, probablemente se habrá dado cuenta que esta se ha instalado en su persona de forma paulatina debido a la experimentación y cero manejo de cómo afrontar pérdidas, traumas, o acontecimientos que han deteriorado su auto-estima, en otras palabras, constantes acontecimientos no desahogados o liberados de manera propia, han generado una enorme bola de nieve que en el mejor de los casos solo es tristeza, desasosiego, o sentimiento de desesperanza hacia sus actividades laborales o personales actuales que duran un  momento, un día, una semana; pero si usted presenta de forma regular esta desesperanza o tristeza además de empezar a tener desordenes del sueño, cansancio crónico, indiferencia hacia las actividades cotidianas así como, una actitud anti-social; tal vez sea tiempo de meditar sobre su situación laboral actual, y verificar si es esta la causante de sus malestares.

El problema no es usted



Reflexionando hace poco con un colega en como se puede mover en ocasiones la política dentro las organizaciones mexicanas, hablábamos sobre un tema muy común que se suscita al interior de las mismas, y es el hecho de que tal vez se haya percatado que independientemente de la división de personalidades que algunas corrientes psicológicas hacen del ser humano, simplemente de repente se nos da por etiquetar a los colegas en dos tipos: introvertidos y extrovertidos. Algo curioso al respecto es que en la mayoría de los casos la gente vincula la personalidad de extrovertido con los adjetivos calificativos de: inteligente, eficiente, excelente orador, y hasta líder; mientras que los introvertidos pueden ser catalogados como personas miedosas, no tan inteligentes como los extrovertidos, inseguros, y hasta poco atractivos para tenerlos en cargos medios-altos o altos.
 
Lo invito a que se tome un momento y realice el siguiente ejercicio, verá que encontrará cosas muy interesantes que a su vez lo llevarán a reflexionar en cuestiones más profundas que afectan a las organizaciones en asuntos tan importantes como lo son el clima laboral, la motivación y el porcentaje de rotación.

Tome una hoja y dibuje dos columnas. A la primera de ellas póngale como título “Introvertidos Eficientes”, mientras que a la segunda la puede intitular “Extrovertidos Medianamente Eficientes”. En este momento quisiera aclarar que los títulos pueden sonar fuertes sin embargo, siempre hay honrosas excepciones y puede que encuentre algunos o muchas al momento de ejecutar el ejercicio asimismo, el objetivo es analizar los resultados, por lo que no hay necesidad de herir susceptibilidades propias o ajenas.

Una vez aclarado el punto, comience a escribir en la columna que corresponda, los nombres de sus colegas e incluso jefes. Es importante considerar algunos criterios antes de colocar algún nombre debajo de una de las dos columnas:

1. Realice el ejercicio bajo un pensamiento crítico, sin dejar que los afectos personales, apegos, o su tipo de personalidad interfiera con su decisión.
2. Cada vez que dude en donde colocar el nombre de un colega, o incluso para validar que lo ha puesto en la columna correcta, hágase las siguientes preguntas:
a. ¿Es introvertido, tímido, retraído, reservado, callado? O por el contrario ¿Es el extrovertido que gusta de la socialité, se siente el alma de la fiesta, es el chistosito de la oficina?
b. (Prueba de fuego) ¿Su colega es generador de resultados CUANTITATIVOS? Es decir, no genera discursos sublimes para hablar de promesas de venta, pronósticos de cierres, etc., simplemente entrega y en ocasiones excede los RESULTADOS en tiempo y forma.

Una vez que ha terminado el ejercicio, es posible que se haga la pregunta ¿Esto para qué me sirve? Por un lado le permite tener una fotografía clara de que elementos de la organización están contribuyendo al logro del resultado individual y global a través de resultados cuantitativos, y cuales otros a través de habilidades como “don de gente”, “carisma” o como dirían coloquialmente “buen verbo”, pueden estar ocultando su falta de capacidad para el logro de los objetivos individuales y grupales.

Por otro lado, el identificar y luego darse a la tarea de entender primero nuestro comportamiento y luego el de nuestros colegas y jefes, permitirá establecer un buen clima laboral, coexistiendo en un ambiente sano donde cada colaborador es respetado en su individualidad y reconocido equitativamente por sus logros reales.

La cuestión se complica algo cuando su jefe o jefes inmediatos no solo no comparten su personalidad, sino que además no la respetan. ¿Le ha sucedido que usted ha sido catalogado como un “ser inquieto” que tiene una mente dispersa, se auto-denomina ser un alma creativa e innovadora, que lo suyo es las relaciones sociales más que dar resultados reales; mientras que su jefe es una persona muy orientada a objetivos, poco sociable y que rara vez sale de su oficina porque está atrás del número desde su trinchera? Seguro usted terminará aburrido de sus labores actuales, dedicará su tiempo a navegar en internet y a pararse 20 veces de su lugar para ir por café y cotillear un poco en los pasillos junto con otros colegas afines a su frustración.

Ahora bien, ¿Qué pasa si en la ecuación tenemos que su Jefe es el extrovertido y usted colaborador es el introvertido?, si su Jefe lo valora por lo que aporta y no por como le sonríe, seguramente tiene una vida laboral placentera pero si por el contrario, su Jefe parece tener en alta estima, con mejores beneficios y sueldo a los que mejor sonríen que a los que mejor dan resultados; siento decirle que necesita con urgencia algún tipo de ayuda que le permita recuperar la confianza en usted mismo y en sus capacidades, a fin de de ir en busca de algo mejor. Un curso de Inteligencia emocional o social así como, algún curso de coaching ontológico (conocimiento del ser); podrían ayudarle a ver la realidad desde otros puntos de vista.

Recuerde que en el mundo perfecto desearíamos que el Jefe identificará y entendiera nuestra personalidad a fin de que pudiera asignarnos el tipo de función en la cual nos sentimos como pez en el agua, que nos incentivará en proporción a nuestra aportación a la organización, que no hubiera “hard feelings” por el hecho de que no le hacemos fiesta cada vez que cuenta un mal chiste, que fuera el Jefe mismo que quien con el ejemplo propiciara un clima laboral de equidad, confianza y apoyo; pero como le digo, esto sería en un mundo perfecto, así que si usted es el alma de la fiesta o genio mal comprendido, lo primero que debe saber es que el problema NO ES USTED, SON LOS OTROS que no se toman la molestia de entenderlo y darse la oportunidad de convivir en armonía.